...De verso en cuando:

9/22/08

trip trip trip... Ensayo

áfos le ne rimrod atropmi em on ose rop y, esrama se on roma le recaH. dadrev aes on euqnua... "roma le recah ed neneiv sojednep sod sosE": ecid etneg y neib someac son y esrier licáf yum se y ut satsug em euqrop onis, atijoh elbaresim al anigav ed aicneirapa areivut euqrop in osotsihc areuf euqrop on, íer em secnotnE .anigav ed aicneirapa ainet euq etsijid ut y omuh amahce sarneim anañam atse értsom et euq al omoc oñoto ed saces sajoh saremirp sal natnacne em y séver la ribircse atnacne eM. ogimnoc ovell ol ueq atneuc ed es oiem ueq atoidi odot a ocnalb otirbil le elrartsom ed erbmutsoc atidneb al igoc euqrop séver la ribircse acot eM.

Me toca escribir al revés porque cogí la bendita costumbre de mostrarle el librito blanco a todo idiota que medio se dé cuenta que lo llevo conmigo. Me encanta escribir al revés y me encantan las primeras hojas secas de otoño como la que te mostré esta mañana mientras echaba humo y tu dijiste que tenia apariencia de vagina.
Entonces me reí, no porque fuera chistoso ni porque tuviera apariencia de vagina la miserable hojita, sino porque me gustas tu y es muy fácil reirse y nos caemos bien y la gente dice: "Esos dos pendejos vienen de hacer el amor"...aunque no sea verdad. Hacer el amor no es amarse, y por eso no me importa dormir en el sofá.

Ahora escribo al derecho porque voy en bus y me mareo, porque estoy llegando a la ciudad correcta, donde todo tiene que ser clarito y ordenado y transparente y uno tiene que ser normal, cumplir horarios y no pensar mucho en cosas ilógicas como nubes en forma de botella rota o días rotos o vidas rotas, sino en el pito del autobus y la tarea de matemáticas y la electricidad y las noticias de este mundo supremamente derecho. Como no me acostumbro, me bajo en la parada equivocada y en vez de ponerme triste me compro un helado de cóco y camino despacíto para no llegar muy tarde, porque igual nadie me espera. Esto me hace supremamente felíz.

Momentaneamente estoy tan agradecida que casi me dan ganas de seguir así sin rumbo hasta que me enoje conmigo misma por no tener ni un peso para coger taxi hasta la casa ni energia ni sentido de orientación. Debo estar cerca de mi destino, porque pienso sensatamente... y no lo hago. Despues de una conversación sencilla con un hombre desquiciado en bicicleta, apuro el paso y aqui estoy, donde no me gusta casi nada.

No niego que me gustan muchas cosas, hacen equilibrio con las que me disgustan, como hablar del fin del mundo, tener que venir acá los lunes y los martes, mirar a las ventanas de los edificios altos, o cuando se me rompen mis pantalones favoritos o prendo las noticias por error y me doy cuenta que la cosa está grave y me pongo a pensar estupideces, mucho de no me quieres y otro tanto de brincarle al tren a ver si el descanzar en paz es instantaneo o uno es tan de malas que se queda medio muerto y medio bobo en la cama de un hospital sin siquiera poder fumarse un cigarro a escondidas. Pero hoy esas cosas fastidiosas no me preocupan demasiado.

Todos los días encuentro en el buzón un recuerdo de mi infancia y me lo guardo entre las botas de mujer madura que ahora visto, porque está llegando el frío y es muy bueno recordarse niño, bailando cualquiera de Tchaikovsky o de Satie al lado de la chimenea, derritiendo marshmallows y dibujando al perro de espaldas... así cuando marcho por entre los callejones amarillentos, contando bolsas de basura, rejas de metal, condones o latas de Coca-Cola, pretendo que soy un soldadito de plomo y continúo sin quejarme hasta la estacion del F, y no se me hace tan malo tener tantos problemas en los bolsillos o tan pocos amigos, igual me tomo un café, le abono a mis pulmones negros y me acuerdo de las ganas que tenía de abrazarte anoche cuando se acabó la película, se acabó la cerveza, me acabé los cigarros y se acabaron las ganas de hablar.

Esta mañana todavía seguíamos callados, pero no era un silencio dañino sino la conversacion de nuestros pasos disfrutándose.

Después me preguntaste qué pensaba. Me asusté muchísimo. Pareció que de repente me escuchabas. Mierda. Me burlé de tí porque sonaste como una noviecilla intensa, exageré mi risa y me apuré a esconderme debajo de la tierra, a ver si con el ruido de los hombres afanados entrando y saliendo de los vagones, podía esconderme de tí. Qué pregunta tan difícil!
Pensaba en la eternidad de toda una semana sin gratas conversaciones y en lo indispensables que se han vuelto tus labios cuando se apaga el sol. Pensaba en cuantas escaleras habia de mi casa en Long Island City a la universidad, y en el fastidioso ruido que hacen las abejas cuando pasan demasiado cerca a mis oídos. Pensaba en tus piernas de futbolísta y trataba de convencerme de cosas muy mentirosas. Simplemente no encontré las palabras correctas y me quedé bastante inútil con tu signo de interrogación como un colibrí picandome en la frente todo el día. Esto se pone interesante. Tambien me gustan las uchuvas, los días en que cae tanta nieve que cancelan clase, las polillas porque creen en un mundo nudista, los subtitulos en idiomas que no entiendo, y el olor mas no el efecto de la marihuana. Me gusta la incertidumbre en la que construyo mi nueva vida, la palabra groin y los poemas de Bokowski, me gustan las cicatrices dulces que una vez fueron heridas, la idea de tenerle celos a la almohada que sería imposible quitarte de los brazos cuando duermes solo en tu angosta cama... pero sobre todas las cosas, me gustan las primeras hojas de otoño cuando las piso y se vuelven un finísimo polvo de ocre, que secuestra el viento y luego esparce en las camisas perfectamente blancas de los robots de Wall Street. También me gusta escribir al revés, pero despues no entiendo nada.


Me gusta más pensar que soy la misma, aún cuando callo.

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